El personaje se Papa Noel, o Santa Claus; fue un personaje creado hace varios años por la Empresa Coca-Cola, basado en el Santo Obispo Nicolás de Bari; para sus campañas de Navidad.
Lamentablemente para muchos, este personaje se ha vuelto el símbolo de la Navidad, y ya sabemos que no es así.
Como siempre: blogueando por ahí encontré a unos de sus detractores, con una foto demasiado cómica que dice mucho de lo que sienten algunos al ver a este personaje robándole el protagonismo de la navidad a Jesús:
Papa Noel: ¿Llegó tu Fin?
Lo relacionas con: Navidad 5 Comentaron esto, Oh sopresa!Comentó Carlos a las 17:23
Otra Reflexión de Navidad
Lo relacionas con: Amor, Cambio, Chincha, Cristianismo, Esperanza, Familia, Familia Sodálite, Felicidad, Iglesia, MVC, Navidad, SCV, Sodalitium, Terremoto, Vida 2 Comentaron esto, Oh sopresa!Ya que estamos aún dentro de la Octava de Navidad (osea la semana después de la fiesta de Navidad), puedo colgar una reflexión muy interesante que fue publicada en El Comercio: una entrevista al Padre Juan Mendoza, SCV, sobre el sentido de la Navidad.
Esta muy interesante, espero que lo puedan leer todo.
Disfrútenlo!!
El padre Juan Mendoza, párroco de Nuestra Señora de la Reconciliación en Camacho, llama a no confundir lo esencial y lo accesorio en la principal fiesta cristiana, que celebramos hoy
Diario El Comercio
Lima, 25 de diciembre de 2007
El árbol de Navidad gigante que hay en el óvalo de Miraflores tiene como principal ornamento decenas o quizás cientos de imágenes de Mickey Mouse. ¿Qué relación tienen eso con el espíritu navideño?
Creo que la Navidad se ha ido prestando para muchas cosas y, tal vez, desviándose de su verdadero sentido y significado. Igual pasa con muchas cosas que suceden en la vida cuando uno les pierde el verdadero sentido y se van como desfigurando, ¿no?, dejando lo esencial de lado y revistiéndose de cosas superficiales o accesorias, no necesariamente negativas o malas, pero que sí acentúan más lo accesorio, lo superficial, que muchas veces oculta lo esencial.
¿Cuándo empezó este malentendido?
Yo creo que es una cuestión permanente del ser humano, y eso no solo se ve en la Navidad, sino, creo yo, en toda circunstancia o actividad de nuestra vida. El mismo sentido del ser humano, por ejemplo. Cuando el ser humano olvida el sentido de su vida, de quién es él y de su valor y su dignidad, acentuamos muchas cosas externas y nos olvidamos justamente de su dignidad, de su valor, de sus derechos.
¿Qué es lo esencial en la Navidad?
La Navidad es Jesús. Esa es la frase que resume, sintetiza y expresa el corazón de la Navidad. La Navidad es Jesús. Si a la Navidad le quitamos Jesús, estamos celebrando otra cosa que no es la Navidad. En la Navidad justamente recordamos y celebramos el nacimiento del Niño Dios, de Dios que se hace hombre para reconciliar al mundo. Entonces, si tú le quitas el corazón de la Navidad, que es Jesús, pues...
La Navidad evoca para muchos la solidaridad, el sentirse parte de una misma cosa. Pero en la vida social de todos los días, o de al menos los 364 días restantes, lo que se ve es algo muy diferente.
Primero quisiera aprovechar esta pregunta para tocar el tema de la solidaridad. ¿Por qué se identifica la Navidad con la solidaridad? Porque si justamente en la Navidad celebramos el nacimiento de Jesús, celebramos que Dios se ha solidarizado con el hombre. Es decir, Dios, que es eterno, se hace solidario con el hombre y comparte con él toda su vida. Nace en un lugar pobre para solidarizarse con lo humano y con los pobres, sufre para solidarizarse con los que sufren, ríe para solidarizarse con los que ríen. Dios comparte todo lo humano, menos el pecado. Entonces, ese ámbito de solidaridad, ese clima de solidaridad nace justamente de esa primera idea: que Dios se ha solidarizado profundamente con el hombre.
A lo que iba es a que el resto del año una buena parte de los cristianos vive de otra manera.
Yo no creo que sea así. Yo creo que el ser humano, por naturaleza, es un ser creado por el amor --que es Dios-- para dar el amor. El hombre se realiza amando. Que hay circunstancias de poca solidaridad, las hay. Pero fíjate lo que ha pasado en Chincha: ha habido una explosión de solidaridad que en todos mis años nunca había visto antes; y de todos. Por supuesto, algunos de repente lo han hecho con un gesto muy cristiano, caritativo; otros, de repente, no tanto. Pero ha habido una explosión de solidaridad impresionante y conmovedora, y eso no ha sido en Navidad.
¿No cree que el paisaje social del Perú sería muy distinto si ese espíritu que se desborda en Navidad durara todo el año?
¿Qué evidencia esto? Que aún falta que esta verdad de la Navidad --es decir, que la Navidad es Jesús, que Dios se solidariza con el hombre-- vaya calando más y más en el corazón, y que no caigamos en la tentación, o en una cierta corriente comercial, que nos hace olvidar y nos aleja del verdadero sentido. Si entendiéramos más que Dios se ha solidarizado con nosotros, seríamos nosotros mucho más solidarios con los demás. De modo que hay que ejercitarnos constantemente, pues estamos en una cultura con una serie de tensiones y corrientes que nos alejan y desvían del corazón de la Navidad.
¿Según su experiencia, el espíritu de Navidad en el Perú es el mismo en las ciudades y en el campo, en los sectores acomodados y en los sectores pobres?
Yo creo que sí. La Navidad en nuestro pueblo, al menos en el Perú, sí es Navidad. Si bien, como te digo, hay cosas que nos desvían de lo esencial, en el fondo la gente sí se sensibiliza por el nacimiento del Señor. Es un tiempo de mucha religiosidad. El tema de las mismas confesiones aquí y en las otras capillas crece en esta época. Es decir, es un tiempo en el que la gente quiere reconciliarse con Dios, estar bien con Él, pedirle perdón, abrirle el corazón, abrirle la familia. Es un tiempo en el que la familia se reúne y trata de abrirse más y más a la presencia de Dios. Esa es mi experiencia.
También quisiera apelar a la experiencia que le dan sus recorridos pastorales para preguntarle si esta nueva época que vive el país, que sin duda ya no es de pesimismo, impacta también en el espíritu navideño de los peruanos.
Es un poco difícil generalizar. Sin embargo, sí me interesa un tema: ¿cómo relacionar todo esto con la Navidad? El Papa ha sacado hace poco una encíclica sobre la esperanza y una de las cosas que dice es que si bien los avances políticos, económicos y materiales traen esperanza, y esperanzas buenas, son siempre esperanzas parciales. Lo político y lo económico pueden estar en estos años creciendo, consolidándose, pero puede haber coyunturas inesperadas que nos hagan desesperanzarnos un poco.
Es muy fácil desesperanzarse.
Puede pasar que en salud, por ejemplo, hoy estemos sanos y mañana, no. En cuanto al trabajo, hoy día lo tenemos y mañana de repente, no. En cuanto a la misma vida, hoy día estamos vivos y mañana, de repente, no. De modo que hay esperanzas relativas y parciales que son buenas y en las cuales el hombre se apoya. Pero hay que recordar que la verdadera esperanza es Dios. Si nosotros ponemos nuestra confianza, nuestra seguridad, nuestros anhelos en Dios, podremos pasar por momentos muy difíciles o por momentos de mucha alegría, pero nos mantendremos siempre de pie. San Pablo tiene una frase muy linda: "Si Dios está con nosotros, ¿quién está contra nosotros?".
¿Cree que esa idea está presente en las distintas esferas de la vida cotidiana?
La Navidad es eso. El nombre que le dan al Niño, el niño Manuel, viene de una profecía de Isaías: Emmanuel, que significa Dios con nosotros. Entonces, si Dios está con nosotros, si Emmanuel está con nosotros, si dejamos a Dios estar con nosotros en esta Navidad y en todos los días de nuestra vida, ¿quién va a estar contra nosotros? El terremoto fue una experiencia muy dolorosa y muy traumática. Yo estuve en Chincha acompañándolos, pero si Dios está con nosotros, ¿quién está contra nosotros? ¿Quién es más fuerte que Dios? Dios le da sentido a todas estas esperanzas, que son buenas y positivas. De modo que yo creo que junto al crecimiento económico que podamos tener, junto con ese crecimiento de la esperanza, no podemos olvidarnos de que Dios es la verdadera, última y única esperanza sobre la que podemos apoyar nuestras vidas y nuestras decisiones.
Pero el Perú es un país parcelado y escindido, con millones de personas excluidas de los beneficios del progreso.
Ahí la Navidad tiene una enseñanza muy clara: ¿Con quién se solidariza Dios? Con todos los hombres. Pero muchas veces lo que sucede es que pensamos que ha llegado el momento de tener algo para nosotros mismos. Sin embargo, el mensaje de Navidad y el mensaje de Jesús es totalmente otro: Cristo le da su vida a todos, no se reserva nada para sí. Esta es la verdad de la Navidad: que Dios se solidariza conmigo, no solamente de palabra y gestos, sino con su propia vida. El mismo Niño que ha nacido muere en una cruz y se solidariza por los judíos, por los paganos, por nosotros, por los justos y por los pecadores. Si esa verdad gana, yo creo que el proyecto del Perú tiene mucho para dar, en esperanza y en realismo.
Usted trata con muchos empresarios. ¿Cree que ellos piensan también que el país necesita solidaridad?
Claro que sí. Los empresarios son seres humanos como tú y yo, y lo que todo ser humano sabe es que si no ama, hay algo importante en su vida que está dejando de lado. Un empresario, un futbolista, un sacerdote, un periodista... si no amamos, sabemos que en el fondo estamos olvidándonos de algo que es esencial para la vida. Mira a Chincha: mucha de la ayuda ha sido generada por gente que está trabajando en grandes, intermedias y pequeñas empresas que se han unido. Desde lo que veo y lo que escucho, sí hay un acento en esta responsabilidad social, que tiene raíces profundamente cristianas.
¿Imagina un país mejor?
Me imagino una sociedad donde reine la paz, donde reine sobre todo la reconciliación. Un país reconciliado es un país hermoso. Reconciliado en sus diversos niveles: un país reconciliado con Dios, en comunión con Dios, es un país que avanza y un país realmente bello. Un país reconciliado consigo mismo, con su historia, con sus luces y sombras. Un ser humano reconciliado también con sus luces y sombras. Un hombre reconciliado es un hombre de paz. Un país reconciliado entre sus semejantes donde reine la no violencia, la caridad, la justicia. Un hombre reconciliado con su entorno, donde se respete la naturaleza, la creación de Dios, y esta esté en función del hombre. Yo creo en un mundo reconciliado. La reconciliación es la clave aquí.
RECORDAR. “No caigamos en una corriente comercial, que nos hace olvidar el verdadero sentido [de la Navidad]. Si entendiéramos más que Dios se ha solidarizado con nosotros, seríamos mucho más solidarios con los demás”. |
Las cajas del amor: de familia a familia
¿Cuándo empezó esta iniciativa de las cajas del amor que promueve la parroquia Nuestra Señora de la Reconciliación?
Hace ya unos años. Una familia de esta parroquia tuvo una experiencia de la caja del amor, me parece que en Chile, y la trajo aquí. Junto con empresarios, junto con el Movimiento de Vida Cristiana, le fuimos dando forma, cuerpo y sentido a esta experiencia.
¿En qué consiste la campaña?
En el fondo es el regalo de una familia a otra familia. Esa es la esencia de la caja del amor. Es un regalo de una familia para otra familia por la Navidad. Se trata de conseguir una caja con alimentos básicos para la cena navideña y, además, lo que esta familia le quiera regalar a la otra. Nosotros tenemos previamente una relación de gente censada, con edades y número de familiares. La familia que compra una caja recibe esta relación con ciertos datos de la otra familia: cuántos son, cuántos viven, qué edades tienen. La familia que regala esta caja del amor la arma de acuerdo con la realidad y compra regalos de acuerdo con las edades.
Obsequian regalos y comestibles...
Comestibles, regalos, tarjetas de Navidad... Hay niños que hacen poemas, dibujos. Es una cosa preciosa.
No es que ustedes acopien cosas y las distribuyan, sino que una familia se conecta con otra.
Tenemos las dos formas. La esencial es esta que te digo, de familia a familia. La otra la hemos puesto en marcha por la coyuntura de Chincha y por querer, digamos, abarcar más. Recibimos un bono con el cual nosotros comprábamos la caja y la llenábamos con los mismos alimentos no perecibles, además de regalos y otras cosas.
¿En dónde distribuyen esas cajas?
Este año hemos distribuido casi la totalidad de nuestras cajas del amor en Chincha. Hemos llegado casi a las 5.000 cajas, es decir, a 5.000 familias. Pero otros años hemos distribuido en Lima, incluso sin descuidar las zonas pobres de nuestra parroquia, o de nuestras parroquias vecinas, a las que también ayudamos, o de Manchay, por ejemplo.
¿Cómo convocan a los donantes?
Anunciamos la campaña en la parroquia, durante las misas, y también por correo electrónico. La mayoría de los donantes es gente que está de alguna manera vinculada a esta parroquia encomendada al Sodalicio, o al Movimiento de Vida Cristiana.
Comentó Carlos a las 12:23
Natividad del Señor*
Lo relacionas con: Amor, Benedicto XVI, Cristianismo, Iglesia, Navidad 2 Comentaron esto, Oh sopresa!
[...] Llegó el momento que Israel esperaba desde hacía muchos siglos, durante tantas horas oscuras, el momento en cierto modo esperado por toda la humanidad con figuras todavía confusas: que Dios se preocupase por nosotros, que saliera de su ocultamiento, que el mundo alcanzara la salvación y que Él renovase todo.
Podemos imaginar con cuánta preparación interior, con cuánto amor, esperó María aquella hora. El breve inciso, «lo envolvió en pañales», nos permite vislumbrar algo de la santa alegría y del callado celo de aquella preparación. Los pañales estaban dispuestos, para que el niño se encontrara bien atendido. Pero en la posada no había sitio.
En cierto modo, la humanidad espera a Dios, su cercanía. Pero cuando llega el momento, no tiene sitio para Él. Está tan ocupada consigo misma de forma tan exigente, que necesita todo el espacio y todo el tiempo para sus cosas y ya no queda nada para el otro, para el prójimo, para el pobre, para Dios. Y cuanto más se enriquecen los hombres, tanto más llenan todo de sí mismos y menos puede entrar el otro.
Juan, en su Evangelio, fijándose en lo esencial, ha profundizado en la breve referencia de San Lucas sobre la situación de Belén: "Vino a su casa, y los suyos no lo recibieron" (1,11). Esto se refiere sobre todo a Belén: el Hijo de David fue a su ciudad, pero tuvo que nacer en un establo, porque en la posada no había sitio para él. Se refiere también a Israel: el enviado vino a los suyos, pero no lo quisieron. En realidad, se refiere a toda la humanidad: Aquel por el que el mundo fue hecho, el Verbo creador primordial entra en el mundo, pero no se le escucha, no se le acoge.
En definitiva, estas palabras se refieren a nosotros, a cada persona y a la sociedad en su conjunto. ¿Tenemos tiempo para el prójimo que tiene necesidad de nuestra palabra, de mi palabra, de mi afecto?. ¿Para aquel que sufre y necesita ayuda?. ¿Para el prófugo o el refugiado que busca asilo?. ¿Tenemos tiempo y espacio para Dios?. ¿Puede entrar Él en nuestra vida?. ¿Encuentra un lugar en nosotros o tenemos ocupado todo nuestro pensamiento, nuestro quehacer, nuestra vida, con nosotros mismos?.
Gracias a Dios, la noticia negativa no es la única ni la última que hallamos en el Evangelio. De la misma manera que en Lucas encontramos el amor de su madre María y la fidelidad de San José, la vigilancia de los pastores y su gran alegría, y en Mateo encontramos la visita de los sabios Magos, llegados de lejos, así también nos dice Juan: «Pero a cuantos lo recibieron, les da poder para ser hijos de Dios» (Jn 1,12). Hay quienes lo acogen y, de este modo, desde fuera, crece silenciosamente, comenzando por el establo, la nueva casa, la nueva ciudad, el mundo nuevo.
El mensaje de Navidad nos hace reconocer la oscuridad de un mundo cerrado y, con ello, se nos muestra sin duda una realidad que vemos cotidianamente. Pero nos dice también que Dios no se deja encerrar fuera. Él encuentra un espacio, entrando tal vez por el establo; hay hombres que ven su luz y la transmiten. Mediante la palabra del Evangelio, el Ángel nos habla también a nosotros y, en la sagrada liturgia, la luz del Redentor entra en nuestra vida. Si somos pastores o sabios, la luz y su mensaje nos llaman a ponernos en camino, a salir de la cerrazón de nuestros deseos e intereses para ir al encuentro del Señor y adorarlo. Lo adoramos abriendo el mundo a la verdad, al bien, a Cristo, al servicio de cuantos están marginados y en los cuales Él nos espera.
En algunas representaciones navideñas de la Baja Edad media y de comienzo de la Edad Moderna, el pesebre se representa como edificio más bien desvencijado. Se puede reconocer todavía su pasado esplendor, pero ahora está deteriorado, sus muros en ruinas; se ha convertido justamente en un establo.
Aunque no tiene un fundamento histórico, esta interpretación metafórica expresa sin embargo algo de la verdad que se esconde en el misterio de la Navidad. El trono de David, al que se había prometido una duración eterna, está vacío. Son otros los que dominan en Tierra Santa. José, el descendiente de David, es un simple artesano; de hecho, el palacio se ha convertido en una choza. David mismo había comenzado como pastor. Cuando Samuel lo buscó para ungirlo, parecía imposible y contradictorio que un joven pastor pudiera convertirse en el portador de la promesa de Israel.
En el establo de Belén, precisamente donde estuvo el punto de partida, vuelve a comenzar la realeza davídica de un modo nuevo: en aquel niño envuelto en pañales y acostado en un pesebre. El nuevo trono desde el cual este David atraerá hacia sí el mundo es la Cruz. El nuevo trono -la Cruz- corresponde al nuevo inicio en el establo. Pero justamente así se construye el verdadero palacio davídico, la verdadera realeza. Así, pues, este nuevo palacio no es como los hombres se imaginan un palacio y el poder real. Este nuevo palacio es la comunidad de cuantos se dejan atraer por el amor de Cristo y con Él llegan a ser un solo cuerpo, una humanidad nueva. El poder que proviene de la Cruz, el poder de la bondad que se entrega, ésta es la verdadera realeza. El establo se transforma en palacio; precisamente a partir de este inicio, Jesús edifica la nueva gran comunidad, cuya palabra clave cantan los ángeles en el momento de su nacimiento: «Gloria a Dios en el cielo y en la tierra paz a los hombres que Dios ama», hombres que ponen su voluntad en la suya, transformándose en hombres de Dios, hombres nuevos, mundo nuevo.
Gregorio de Nisa ha desarrollado en sus homilías navideñas la misma temática partiendo del mensaje de Navidad en el Evangelio de Juan: «Y puso su morada entre nosotros» (Jn 1,14). Gregorio aplica esta palabra de la morada a nuestro cuerpo, deteriorado y débil; expuesto por todas partes al dolor y al sufrimiento. Y la aplica a todo el cosmos, herido y desfigurado por el pecado. ¿Qué habría dicho si hubiese visto las condiciones en las que hoy se encuentra la tierra a causa del abuso de las fuentes de energía y de su explotación egoísta y sin ningún reparo?.
Anselmo de Canterbury, casi de manera profética, describió con antelación lo que nosotros vemos hoy en un mundo contaminado y con un futuro incierto: «Todas las cosas se encontraban como muertas, al haber perdido su innata dignidad de servir al dominio y al uso de aquellos que alaban a Dios, para lo que habían sido creadas; se encontraban aplastadas por la opresión y como descoloridas por el abuso que de ellas hacían los servidores de los ídolos, para los que no habían sido creadas» (PL 158, 955s).
Así, según la visión de Gregorio, el establo del mensaje de Navidad representa la tierra maltratada. Cristo no reconstruye un palacio cualquiera. Él vino para volver a dar a la creación, al cosmos, su belleza y su dignidad: esto es lo que comienza con la Navidad y hace saltar de gozo a los ángeles. La tierra queda restablecida precisamente por el hecho de que se abre a Dios, que recibe nuevamente su verdadera luz y, en la sintonía entre voluntad humana y voluntad divina, en la unificación de lo alto con lo bajo, recupera su belleza, su dignidad. Así, pues, Navidad es la fiesta de la creación renovada.
Los Padres interpretan el canto de los ángeles en la Noche Santa a partir de este contexto: se trata de la expresión de la alegría porque lo alto y lo bajo, cielo y tierra, se encuentran nuevamente unidos; porque el hombre se ha unido nuevamente a Dios.
Para los Padres, forma parte del canto navideño de los ángeles el que ahora ángeles y hombres canten juntos y, de este modo, la belleza del cosmos se exprese en la belleza del canto de alabanza. El canto litúrgico -siempre según los Padres- tiene una dignidad particular porque es un cantar junto con los coros celestiales. El encuentro con Jesucristo es lo que nos hace capaces de escuchar el canto de los ángeles, creando así la verdadera música, que acaba cuando perdemos este cantar juntos y este sentir juntos.
En el establo de Belén el cielo y la tierra se tocan. El cielo vino a la tierra. Por eso, de allí se difunde una luz para todos los tiempos; por eso, de allí brota la alegría y nace el canto.
Al final de nuestra meditación navideña quisiera citar una palabra extraordinaria de San Agustín. Interpretando la invocación de la oración del Señor: "Padre nuestro que estás en los cielos", él se pregunta: ¿qué es esto del cielo?. Y ¿dónde está el cielo?.
Sigue una respuesta sorprendente: Que estás en los cielos significa: en los santos y en los justos. «En verdad, Dios no se encierra en lugar alguno. Los cielos son ciertamente los cuerpos más excelentes del mundo, pero, no obstante, son cuerpos, y no pueden ellos existir sino en algún espacio; mas, si uno se imagina que el lugar de Dios está en los cielos, como en regiones superiores del mundo, podrá decirse que las aves son de mejor condición que nosotros, porque viven más próximas a Dios. Por otra parte, no está escrito que Dios está cerca de los hombres elevados, o sea de aquellos que habitan en los montes, sino que fue escrito en el Salmo: "El Señor está cerca de los que tienen el corazón atribulado" (Sal 34 [33], 19), y la tribulación propiamente pertenece a la humildad. Mas así como el pecador fue llamado "tierra", así, por el contrario, el justo puede llamarse "cielo"» (Serm. in monte II 5,17).
El cielo no pertenece a la geografía del espacio, sino a la geografía del corazón. Y el corazón de Dios, en la Noche Santa, ha descendido hasta un establo: la humildad de Dios es el cielo. Y si salimos al encuentro de esta humildad, entonces tocamos el cielo. Entonces, se renueva también la tierra. Con la humildad de los pastores, pongámonos en camino, en esta Noche Santa, hacia el Niño en el establo. Toquemos la humildad de Dios, el corazón de Dios. Entonces su alegría nos alcanzará y hará más luminoso el mundo. Amén.
*Extrácto de la Homilía de Solemnidad de la Natividad del Señor
(Misa de Nochebuena 2007)
Comentó Carlos a las 18:30
¡¡Feliz Navidad!!
Lo relacionas con: Amistad, Amor, Benedicto XVI, Cristianismo, Esperanza, Iglesia, Navidad 0 Comentaron esto, Oh sopresa!En este día que los cristianos recordamos llenos de alegría el Nacimiento de nuestro Salvador y Redentor les deseo que en vuestros corazones nazca el niño Jesús, el hijo de Santa María, los llene de bendiciones y los acompañe en su peregrinar.
Les dejo unas palabras del Santo Padre:
"(...) Cuando ya nadie me escucha, Dios todavía me escucha. Cuando ya no puedo hablar con ninguno, ni invocar a nadie, siempre puedo hablar con Dios. Si ya no hay nadie que pueda ayudarme –cuando se trata de una necesidad o de una expectativa que supera la capacidad humana de esperar–, Él puede ayudarme.(...) Si me veo relegado a la extrema soledad...; el que reza nunca está totalmente solo"
¡¡Feliz Navidad para todos Uds.!!
Gracias por Visitar este humilde blog.

Comentó Carlos a las 17:00
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